Cómo estar menos ocupado en un mundo muy, muy ocupado

A través de tweet de @eromirou llegué a “How to be less busy in a busy busy world” de Leo Babauta. Este fragmento me parece genial:

La mayoría de nosotros estamos bastante ocupados, prácticamente todos los días.

A algunos le gusta que así sea — estar ocupado es casi un símbolo de status, ya que demuestra que sos importante, productivo y triunfador. Si estás en una reunión importante enviando mails con tu Blackberry y haciendo llamadas, debés ser importante, no?

Yo digo que deberíamos rechazar ese jueguito de quién es el que está más ocupado. Deberíamos dejar esa idea. Deberíamos decir “prefiero encontrar paz mental, ser capaz de relajarme, de disfrutar de la vida, en vez de hacer lo contrario para ser ‘productivo’ y demostrarle a todo el mundo qué tan importante soy”.

OK, tal vez deberíamos decir algo más breve en su lugar. Por ejemplo, “no gracias”.

Por qué estar ocupado es un “cazabobos”?

Nunca terminás de estar ocupado. No vas a poder librarte de eso (a menos que hagas un gran esfuerzo), porque no hay un fin en la lista de quehaceres, los mails, los chats, las llamadas telefónicas, las reuniones y reuniones, y sí, más reuniones. Somos hamsters en una ruedita, corriendo sin un verdadero propósito, salvo para hacer feliz al jefe, para ganar plata o hacerle ganar plata a alguien… pero con qué fin?

La ruedita gira sin fin. Nunca hay un fin, porque no hay un destino.

Pero sabés qué? El viaje es el destino. Ya estamos ahí — lo que hacemos hoy es lo que nuestra vida es, de lo que se trata todo esto. Estar así de ocupado es el verdadero sentido de la vida? O hay algo más? Hay una vida mejor?

Creo que deberíamos hacer cosas más valiosas. Reemplazar lo urgente por lo importante. Y aun así, si estamos haciendo cosas importantes, no deberíamos llenar cada minuto con cosas importantes. Necesitamos aprender a relajarnos, a ser felices, a disfrutar de la vida. De otra forma, no vale la pena vivir.

Necesitamos redescubrir cómo es no hacer nada, a quedarse quieto, a disfrutar del silencio. Necesitamos poner más espacio entre las cosas en vez de apretarlas todo el tiempo. Dejemos de estar ocupados, y empecemos a ser felices.

O Canada!

Una típica casa en Guelph

Una casa típica en Guelph

¿Qué impresión me llevé de Guelph?

  • Es una ciudad muy tranquila. Como para volver loco a un porteño por la falta de quilombo
  • Pocos autos. La mayoría se mueve a pie o en bicicleta. +1 porque no me gustan los autos
  • Mucho verde. Son muy respetuosos de las políticas locales de protección al medio ambiente. No hay basura en las calles. En todas las casas hay bolsas para separar los residuos orgánicos. +1 por proteger el medio ambiente
  • Hay pocos fumadores. +1
  • Les gusta la cerveza: La típica salida nocturna es ir a los pubs. Toman una bocha. +1 porque tienen como 50 “birras” distintas (y las que probé están buenísimas)
  • Hay mucha policía: demasiada para mi gusto. Es la ciudad en donde se entrenan a los policías en Canadá. Cada tanto reparten palos entre los estudiantes de la universidad local. -1
  • La gente es copada: todo el mundo te saluda, aunque no te conozca. +1
  • Comida que se deja comer. La carne es bastante buena. No tienen asado pero hacen barbecues que garpan bastante. Por U$ 6 te comprás un burrito tamaño baño. +1 por copados con la comida
  • El deporte nacional es el hockey sobre hielo. Un embole. Les gusta el fútbol (soccer) pero no sobresalen internacionalmente
  • Están cerca de Toronto. Siempre es bueno estar cerca de una ciudad grande (pero no vivir en ella). +1
  • El transporte es caro. Pagué U$ 20 por un taxi desde la oficina al hotel. El tren y el micro a Toronto son carísimos (U$ 23). -1
  • Bandas locales. Le dan mucha importancia a la música. Frecuentemente organizan fiestas y recitales con bandas de la ciudad y alrededores. +1
  • Casi nadie habla español. Conocí sólo a dos personas que lo hablan: un argentino de Boedo que manejaba el shuttle del hotel y un estudiante nicaragüense (con gorra del EZLN) que hacía wraps vegetarianos cerca de la oficina

En conclusión: la ciudad está muy buena y fue una experiencia positiva. Quizás vuelvo el año que viene. Por lo pronto, en diciembre me voy a ver qué onda Perú (quizás me cruzo con la pequeña Wendy!)