Imperdonable

“Se equivocó”, “no sé equivocó”, no lo sé. No lo sé y creo que en el fondo no me importa, porque lo que sí sé es que no le reprochan que se haya equivocado. Cometió un pecado imperdonable: hizo lo que dijo, y dijo lo que pensó. Imperdonable. En América Latina la palabra y el acto no se encuentran nunca. A veces se cruzan, por casualidad, y no se saludan porque no se reconocen.

Eduardo Galeano sobre Ernesto «Che» Guevara

La cultura de la supervisión y la creatividad

La fuente de productividad más importante en la economía de la información es la creatividad, y no es posible crear algo interesante si la premura de tiempo es constante o debe realizarse de una forma regulada de nueve a cinco. De modo que, aun cuando sea sólo por razones estrictamente económicas, es importante permitir la presencia de la dimensión lúdica y de los estilos individuales de creatividad dado que, en la economía de la información, la cultura de la supervisión acaba por volverse con suma facilidad en contra de los objetivos ambicionados.

Pekka Himanen en “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información

“Odio que las empresas traten a sus empleados como niños”

Les recomiendo un interesantísimo artículo de Jason Fried1, CEO de 37signals.

Los empleados vienen a la oficina cuando quieren, o de lo contrario trabajan desde sus casas. No creo en la semana laboral de 40 horas, así que dejamos esa boludez sobre estar en algún lugar cierta cantidad de horas. No tengo idea cuántas horas trabajan mis empleados — sólo sé que cumplen con su trabajo.

Me molesta bastante que la definición de éxito haya cambiado de ganancias a seguidores, amigos y suscriptores. Esta mierda no significa nada. Los chicos salen de la facultad pensando “quiero crear el próximo YouTube o Facebook”. ¿Si un restaurante sirve más comida que los demás pero pierden plata en cada cena, es un negocio exitoso? No. Pero en Internet, por alguna razón, si tenés más usuarios que los demás, sos exitoso. No, no lo sos.

En el mundo de los negocios, las personas son propietarias — tienen miedo de compartir.

Raramente tenemos reuniones. Las odio. Son una gran pérdida de tiempo, y son costosas. No es una hora: son 10, porque arrastrás a 10 personas lejos de su verdadero trabajo

Odio que las empresas traten a sus empleados como niños. Bloquean Facebook o YouTube porque quieren que sus empleados trabajen ocho horas diarias. Pero en vez de obtener más productividad, obtenés frustración. ¿Cuál es el punto? Mientras el trabajo se cumpla, no me importa lo que la gente hace durante el día.

1 Las ideas son de Jason, pero lo escribió Liz Welch